La sociedad occidental ha tratado por lo general la sexualidad, la vagina femenina especialmente, como tema tabú y con muchos prejuicios en parte por la presión religiosa cristiana e islámica, dependiendo de sus respectivas ramas y cleros.

Estas circunstancias y los cambios en los valores modernos, en los derechos humanos o en la libertad de expresión podrían explicar el gran éxito de la obra teatral de Eve Ensler, traducidos en el mundo de habla hispana como Los monólogos de la vagina o Los monólogos vaginales. En su estreno en Nueva York en 1996 y en sus distintas versiones alrededor del mundo, logró que la palabra vagina apareciera en numerosos e importantes medios de comunicación.

La también exitosa y premiada serie de televisión Sex and the City, traducida en países de habla española como Sexo en la ciudad o Sexo en Nueva York (la versión cinematográfica es muy reciente), contiene muchas discusiones acerca de la sexualidad femenina, y por supuesto la vagina. En países como China o Kenia fue censurada por su alto contenido sexual.

Debido especialmente al propio tabú, popularmente la vagina y la vulva a menudo se han confundido en el vocabulario popular, además de compartir o tener distintos significados, habitualmente con sentido malsonante o peyorativo. Muchísimas palabras se han inventado en el ámbito del lenguaje popular (y esto ha ocurrido en todos los idiomas del mundo, en todas las culturas) para denominar tanto a la vagina como a la vulva, disfrazándola y comparándola con multitud de objetos de forma y características similares.

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